martes, 7 de febrero de 2012

"D" de documental


Hace tiempo que la música ha dejado de interesarme. Creo que se ha llegado a un punto en que no hay nada nuevo bajo el sol y que las bandas contemporáneas, en general, o repiten o reciclan según las convenciones estéticas actuales. Esto no era así en los tiempos de Joy division, y lo refleja este documental homónimo de Grant Gee rodado en 2007 que recorre la carrera del grupo de Manchester y, especialmente, la de su cantante, Ian Curtis.
Acaso porque la música nueva ha dejado de interesarme recurro a los clásicos. Me parece que de los Joy division apenas se puede salvar una docena de canciones, pero su influencia y su "halo" es quizás más potente que su creación, lo que no impide que a uno se le haga un nudo en la garganta cada vez que ve a Curtis en un escenario cantando Love will tear us apart.

lunes, 6 de febrero de 2012

domingo, 5 de febrero de 2012

Apenas monográficos casi monotemáticos


Poco claro queda el "tema" de la sección, aunque se pueden encontrar elementos comunes entre las películas que a continuación se mencionan, como un reparto de pocos personajes, historias extrañas o excéntricas o bajo presupuesto.
La primera imagen pertenece a Love, de William Eubank. Deudora de, evidentemente, 2001 Una odisea en el espacio, también se apoya, entre otras, en Melancolía, de Von Trier e incluso El árbol de la vida. De estupenda fotografía y tono melancólico de trata del registro de las reflexiones y reacción de un astronauta (es imposible no remitirse al Walt Dangerfield de la novela de Philip K. Dick "Dr. Bloodmoney o cómo nos las apañamos después de la bomba") que pierde contacto con la Tierra, al parecer, por una guerra apocalíptica. Tan interesante o más puede resultar el "cómo se hizo".


Del Canadá francoparlante llega Curling, de Denis Coté, pieza de personajes solitarios, diálogos breves y momentos de gran potencia visual como la escena del tigre.


Kill me, please, de Olías Barco, es una rara película, algo tediosa, de personajes en busca de un suicidio agradable. Se me antoja emparentada a la Polytechnique de Vileneuve aunque sólo sea por la estupenda fotografía en una "amplia gama de grises" y la matanza final.


Y de matanzas, por supuesto, trata Kill list, de Ben Wheatley, historieta por momentos truculenta y finalmente surrealista de dos asesinos a sueldo que terminan envueltos en una demoníaca pesadilla.

sábado, 4 de febrero de 2012

Silencio en la nieve, de Gerardo Herrero


En plena Operación Barbarroja, con Muñoz Grandes empeñado en llegar el primero a Moscú al frente de la División Azul (aunque en la Wolfschanze tenían otros planes para él), a Herrero no se le ocurre otra cosa que despreciar tan potente y, como mínimo, fotogénico escenario para construir un thriller tedioso, inconsistente e insustancial del que sólo se puede rescatar el breve trabajo de Carmelo Gómez.

jueves, 2 de febrero de 2012

La dama de hierro, de Phyllida Lloyd


Más allá del exhaustivo trabajo de maquillaje el resto de los elementos de la película, incluida la interpretación de la Streep, se encuadran en un tono general de tibieza. Escenas en las que aflora el carácter político e histórico del personaje, como la de la comparación de Hawai con las Malvinas, son de las pocas que aprovechan la veta narrativa que contiene la singular vida de la Thatcher, mientras que la etapa de decrepitud es amplia y tediosamente abordada con ramalazos de sentimentalismo y superficialidad.

miércoles, 1 de febrero de 2012

La chispa de la vida, de Álex de la Iglesia


El cine español es el cine de los aficionados de pacotilla. Si no, no se explica cómo un director con dos dedos de frente y alguna preparación intelectual o cultural puede hacer una película con un guión comprado en el Carrefour, peor aún, comprado en el equivalente del Carrefour de Minnesota y luego traducido al español. Rediós las cosas que sueltan los "actores" por esas bocas. La planificación a base de primeros planos, la puesta en escena hilarante, los personajes que ya no son clichés sino verdaderas caricaturas o los diálogos de prospecto y discurseros son taras menores frente a la torpeza, grosería, "estado fetal" y chapucería general de un guión indecente, inverosímil, tramposo y manipulador que da vergüenza ajena.