sábado, 7 de noviembre de 2009

Sevilla Festival de Cine Europeo


La jornada ha mantenido el tono anodino, cuando no nauseabundo, del inicio del festival. La iniciamos con 44 inch chest, una producción inglesa de factura técnica impecable que cuenta con la poderosa presencia de John Hurt, quien, antes de la proyección, apareció por la sala (mi nula destreza fotográfica ha impedido al mundo tener constancia gráfica del momento).
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El año pasado tuvimos la desgracia de ver una película croata, de repugnante recuerdo, y parece que no aprendí la lección, pues ayer reincidí con Niciji sin (El hijo de nadie), una historia que revisa las secuelas de la reciente guerra balcánica y que, siendo mejor que aquella, será sin embargo la peor película del festival; los croatas siguen sin saber hacer cine.


A mi dueña le gustó mucho Oorlogswinter (Winter in wartime) por el soberbio aspecto de sus protagonistas (masculinos), pero el entusiasmo estético no debería apartarnos de un criterio riguroso que, aplicado sobre esta repetitiva historia sobre la ocupación alemana (en la que de nuevo los nazis aparecen como demonios subnormales), desbarata las trampas que contiene.


Lo mejor estaba por llegar; Vincere, la historia de una de las amantes de Mussolini y su hijo ilegítimo. Por desgracia, la segunda parte se empantana en la atribulada peripecia de Ida Dalser por los manicomios de la Italia del Duce, cuyo personaje se nos hurta para insertar no obstante su figura a través de imágenes de archivo -muy interesantes, por cierto-. Bellocchio, el director de la película, aún haciendo una enérgica pieza con momentos hipnóticos, no sabe sin embargo equilibrar la estructura.


Remató la jornada Ved verdens ende (At world's end), curiosa aventura danesa en las junglas indonesias, a medio camino entre Indiana Jones y Grupo salvaje, que no consigue sujetar el tono, pero que como tebeo funciona perfectamente.

Gala de inauguración
Ayer se inauguró oficialmente el SFCE con la glamurosa presencia de actores famosos.


Christopher Lee


Ben Kingsley


Colin Farrell


Paz Vega
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También acudieron personalidades políticas, como Ignasi Guardans (en la imagen) y, por supuesto, el alcalde sevillano, que se empeñó en aparecer en todas las fotos y recibió uno por uno a los invitados importantes, despojando a la inauguración del sentido artístico que debería tener y ensuciándolo con la baba política.
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Nikolina Iancheva y Sergi López
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Nicholas Roeg, Carlos Saura y Jeremy Thomas
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Sin embargo, lo importante, es decir, el cine, ya se desarrollaba desde las cuatro de la tarde en los cines Nervión. Antes y después de la fastuosa ceremonia pudimos ver algunas películas.
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Empezamos con Eastern plays, una curiosidad búlgara sobre cabezas rapadas y drogadictos en recuperación cuyo interés radica en alguna imagen interesante y la sensación de que Bulgaria no es el mejor sitio para hacer turismo.
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Shifty y Der Vaterspiel (Kill daddy good night) se dejaron ver pero son claros ejemplos del cine europeo contemporáneo, es decir, ejemplo de película anodina. Más interés despertó, aunque tampoco mucho, el documental Plastic planet, primo hermano de piezas como Roger y yo, de Michael Moore, y cuyo empeño es denunciar el uso masivo del plástico y del peligro que eso supone, para horror hipocondríaco de algunos... ya no saben cómo meternos miedo.

jueves, 5 de noviembre de 2009

los estrenos de la semana

Celda 211
Julie y Julia
Pandorum
Siempre a tu lado: Hachiko
The box

La curiosidad de hoy nos introduce directamente en la materia que ocupará este foro en los próximos días; el Sevilla Festival de Cine Europeo. El aperitivo no ha podido ser más decepcionante. En pase de prensa se nos ha pre-estrenado Triage, una tediosa historia de remordimientos bélicos. El protagonista es Colin Farrell, y le acompañan Paz Vega y Christopher Lee. Parece mentira que Lee sea más creíble interpretando a un español que habla inglés con acento que la Vega haciendo de española que habla inglés con acento. Al final resulta que es tan mala actriz como misteriosa y milagrosa fue la iluminación y la planificación (o el photoshop) en Lucía y el sexo a los que le debe su presunto prestigio y atractivo, pero está claro que esta muchacha es lo que siempre fue.

La cruda realidad, de Robert Luketic


A modo de sesión de relajación antes del enorme fregado del Festival de Cine de Sevilla, me dejé caer por el multicines habitual (cada vez más decadente) para echarle un ojo indolente a esta convencional (incluso timorata) comedia. Nada diré de Butler y la Heigl, pues la tortura indecente del doblaje me impiden formular una opinión coherente, pero está claro que la voz del impostor del otrora apolíneo y poderoso Leónidas es un error más del que las guonistas y director, hay que reconocerlo, no tienen la culpa. En cualquier caso, es una voz menos dolorosa y empalagosa que la que cubre de porquería el indiferente trabajo de la Weisz en Ágora... tenía que decirlo. Lo mejor, el chiste sobre la NRA.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Ágora, de Alejandro Amenábar


Ágora resulta ser una especie de mamotreto, tedioso y resuelto a veces con verdadera grosería cinematográfica, en el que el escrúpulo por la verosimilitud histórica y científica en cuestiones menores como el atrezzo, el escenario o los debates astronómicos de Hipatia se vuelve sesgo y, según algunos, mala intención, al retratar a los primeros cristianos y, en especial, a los monjes parabolanos, como una suerte de germen de los SA del partido nazi, para los que Amenábar, astuto y fullero en cuestiones narrativas, reserva paralelismos visuales fácilmente reconocibles como el crismón cual borrosa esvástica y las hogueras de libros -pergaminos en estre caso-, o el plano cenital en el que las formas oscuras de los rabiosos monjes corretean como devastadoras hormigas por los polvorientos decorados de Malta, monjes que, por otra parte, recuerdan en su virulencia y fanatismo a los zombies de El último hombre vivo. Que tengamos que hablar más del subtexto político de la película que de sus valores cinematográficos revela cuán miserables son estos.

martes, 27 de octubre de 2009

Jennifer's body, de Karyn Kusama


Con razón se vierten vituperios y befas sobre el cine que en apariencia representa esta película (el subgénero adolescente), pero más de una vez podemos llegar a equivocarnos. Esto no significa que el guión de Diablo Cody pase a los anales de la excelencia artística, pero al menos nos presenta una historia distinta a la convencional por la carga metafórica que contiene, aderezada con destellos de ironía y hasta alguna "trampa para listillos" en la que reconozco caí como un búfalo y de la que mi dueña, regodeándose en su triunfo, no quiso rescatarme. Inopinadamente, incluso la Fox, a pesar de ese halo de niñata que se empeña en cultivar, hace un buen trabajo y contribuye al tono socarrón con el que la Cody impregna la historia, tono del que por cierto no han podido abstraerse los distribuidores alemanes y, en singular combate de ingenios con los distribuidores patrios, tienen la ocurrencia de añadir el subtítulo guasón, en traducción libre, de: Jennifer's body, adolescentes en su punto.

Si la cosa funciona, de Woody Allen


Qué se puede decir del cine de Allen cuando su principal (y único) sustento es la palabra -una palabra que puede ser expresada en otros contextos escénicos o literarios- y esta deja de ser aguda, ingeniosa o simplemente graciosa. De Allen no puede extraerse apenas enseñanza cinematográfica y menos aún deleite artístico, y mucho menos, una vez que la época de esplendor dialéctico quedó muy atrás en el tiempo, lo que nos hace sospechar que poderosas réplicas como "cada vez que escucho a Wagner me entran ganas de invadir Polonia" o "mejor dictador, Adolf Hitler" fueron más fruto de una afortunada casualidad que de un genio creativo, pues desde entonces pocas veces las hemos vuelto a disfrutar.