lunes, 19 de marzo de 2012

Las malas hierbas, de Alain Resnais


Tedioso capricho de un Resnais chocho que, a fuerza de florituras y estupideces varias en la puesta en escena y la fotografía, excreta un monumento a la cacharrería audiovisual sin sustancia narrativa o nada que se le parezca.

domingo, 18 de marzo de 2012

En tierra de sangre y miel, de Angelina Jolie


Tediosa historieta bélica de nula profundidad argumental, chapucera puesta en escena y construcción convencional. Remata el hilarante cuadro el vomitivo detalle de unos actores balcánicos hablando inglés con acento.

jueves, 15 de marzo de 2012

Esto es la guerra, de McG


Pastelito a rebufo de las descaradas y saltarinas versiones cinematográficas de Los ángeles de Charlie con ingredientes de las comedias románticas protagonizadas por la Witherspoon.

martes, 13 de marzo de 2012

Apenas monográficos casi monotemáticos


La imagen superior pertenece a Meek's cutoff, de Kelly Reichardt, una película de pioneros en la época de expansión hacia el oeste de los Estados Unidos. La austeridad de la planificación y la puesta en escena, así como el carácter metafórico de la historia entramado en un guión de concisión narrativa han estimulado mi interés en la autora.


Ode, mediometraje de estridentes efectos de zoom y una historia casi esquemática, parecería una ópera prima, pero sin embargo es la segunda película de Reichardt (me ha sido imposible, de momento, recuperar Río de hierba) que cuenta la trágica relación de dos adolescentes. Parece bastante mejor de lo que es.


Siete años después, en el 2006, aparece Old joy. No se entiende cómo este cuento de materia narrativa mínima, prácticamente anecdótica, sobre dos amigos que se van a tomar un baño de aguas termales cuenta con premios aquí y allá y cierto prestigio artístico.


Igualmente severa en su condición narrativa es Wendy y Lucy, de la que apenas se puede destacar nada salvo la depuración del estilo "dogmático" de Reichardt pulido ya en Meek´s cutoff.

domingo, 11 de marzo de 2012

Los idus de marzo, de George Clooney


Indiferente historieta política cuyo mayor interés recae en los mecanismos electorales y partidarios del sistema estadounidense, por lo visto, a años luz del entramado medieval que sufrimos en España.

sábado, 10 de marzo de 2012

El capitán Trueno y el Santo Grial, de Antonio Hernández


Resaltar las (innumerables) faltas de la película parece tedioso a estas alturas, pero no insignificante, pues esta pieza no hace sino poner de manifiesto la verdadera tara del cine español: la industrialización. Para construir una industria hace falta profesionales que escriban un guión verosímil, que sepan dirigir actores, que sepan interpretar, y también, que sepan elaborar un calendario de producción que contribuya a crear un producto con hechuras aceptables. Mientras los "profesionales" del cine español no se tomen en serio el trabajo y dejen de hacer las cosas "de oídas" habrá películas con "errores" de reparto, con un guión de retales y cochambroso, con una puesta en escena hilarante y hasta con extravagancias de maquillaje y peluquería de esas que muerden a los ojos.


Por razones acaso borrosas me parece oportuno recordar esta película de Fernando Colomo; El caballero del dragón, una rareza impensable en la "industria" patria y más en 1985. En comparación a la anterior -siendo generosos podemos encuadrar ambas dentro del género de aventuras, por ejemplo- nos encontramos con un guión mejor escrito -ciertamente mejor- y un despliegue de efectos especiales que, a pesar de su aspecto artesanal, resultan efectivos y hasta ingeniosos. Otra cosa puede ser las actuaciones de Klaus Kinski o Harvey Keitel, quien interpreta a un vanidoso guerrero (antecedente del príncipe presumido de Shreck) y que debió pasárselo muy bien en la España de entonces. También aparece Fernando Rey, impecable -a pesar del trompazo que se da por el empujón de Kinski-, y un Miguel Bosé mejor teñido que el pobre muchacho de El capitán Trueno y bastante verosímil en su trabajo a lo Jeff Bridges en Starman. La intervención de Colomo en el guión aporta esos momentos de comedia que afloran, por ejemplo, con el personaje del Caballero Verde, a la sazón Josep María Pou, y que al menos distinguen la pieza dotándola de cierta energía, resultando una película treinta años más vieja que la anterior pero, sin duda, más viva.