La monótona estructura de esta tediosa y tibia pieza, como La gran aventura de Winter el delfin, no deja lugar a dudas de la factura industrial de la misma, y por tanto, de su ínfimo interés cinematográfico e histórico.
Lacrimógena, previsible, convencional y típicamente manufacturada sobre la plantilla habitual (uno casi disfruta identificando los pasos de la estructura) el guión desprecia la idea paralela de la mutilación del soldado y el delfín, pero deja al menos una graciosa réplica de Freeman. En fin, no todo el cinematógrafo es Tarkovski.
Más allá de la aparatosa ejecución de una idea curiosa nos queda una tediosa a más no poder película de ladrones de bancos trufada de hilarantes fullerías y una puesta en escena de patio de colegio.
Con esta película conocemos dos cosas: que el cine rancio y chapucero es una plaga universal de la que ni siquiera los otrora rigurosos alemanes se libran y que para ganarse el favor de las majors hay que suscribir, con guantes de goma y tapándose la nariz, los parámetros y convenciones del cine comercial estadounidense a pies juntillas.
De indecente, o como mínimo vergonzosa, podríamos calificar esta tediosa pieza que, una vez más, registra la más insustancial de las cotidianeidades y exuda con impudicia ausencia mortal de ideas narrativas o argumentales, para rematar con una, no ya inverosímil, sino hilarante e ininteligible escena que no hace sino señalar la poca vergüenza de un "auteur" ínfimo.