jueves, 24 de noviembre de 2011

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Las aventuras de Tintín: el secreto del Unicornio, de Steven Spielberg


Se juntan un estadounidense y un neozelandés para hacer de un personaje belga un saltimbanqui anglosajón que se pasa toda la película como un monigote de videojuegos, en tediosa sucesión de escenas, a cada cual más inverosímil. Tras expoliar tres o cuatro tebeos de la colección del personaje de Herge y mezclarlos con la ignorante alegría propia de estos paletos deportados, el resultado de tan variada digestión es una ridícula hamburguesa cuya guarnición, en forma de rentable segunda parte, llegará con las próximas vacaciones para que la infancia del orbe todo arrastre a sus respectivos progenitores a colaborar en la sanidad financiera del señor Spielberg y el señor Jackson.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Detrás de las paredes, de Jim Sheridan


Un par de groserías en la planificación y dos o tres "licencias" del guionista aparte el principal problema de la película está, como en muchas otras del género, en la coherencia interna. Aquí rechina la relación entre el protagonista y los fantasmas, lo que conocen estos y cómo lo comunican, pues, tratándose de una historia con un punto de vista subjetivo, resulta difícil no hacerse preguntas sobre estas cuestiones que quedan sin respuesta.

domingo, 20 de noviembre de 2011

El arte de pasar de todo, de Gavin Wiesen


Partiendo de la idea expresada en el título, poco a poco la historia se desprende de la inicial voluntad aventurera y se hace convencional, resultando en una previsible comedia romántica con agradable banda sonora.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Verbo, de Eduardo Chapero-Jackson


Por un lado están los clichés del "género", la inevitable, al parecer, costumbre de reproducir expresiones propias de películas estadounidenses, la pobre construcción de los personajes, la triste puesta en escena y el tono solemne por momentos ridículo, algún que otro exabrupto y una historia casi insustancial, y por otro lado está la meritoria voluntad de hacer una película fantástica en España. Sin embargo, en el fondo, la película adolece de una tara inherente al cine patrio; la incapacidad de escribir un guión que recoja precisamente el desarrollo de una idea. Tal defecto lleva, en este caso, a entender no sólo con dificultad lo que ocurre y por qué, sino a encontrarnos con muros de inverosimilitud imposible de franquear, ajenos a los recursos que el guionista, propietario de una visión clara y total de la historia, reserva en su cabeza pero que ha sido incapaz, por una u otra razón, de la incompetencia a un hondo e hilarante ego de auteur, de plasmar en el papel y finalmente en la película.