lunes, 17 de enero de 2011

El último bailarín de Mao, de Bruce Beresford


Mientras la estructura paralela del guión cuenta la vida del bailarín en los Estados Unidos al mismo tiempo que su infancia en la China maoísta la película se deja ver con curiosidad. Una vez esa materia narrativa se agota y empiezan a sucederse los números musicales como único motor de la historia el tedio se adueña de ella. El litigio por la nacionalización actúa finalmente como perfecta excusa para presentar a un régimen comunista menos abyecto de lo que podría pensarse, aunque da la impresión de tratarse de una artimaña publicitaria encargada por las autoridades orientales a fin de presentar el nuevo y poderoso país asiático como un severo pero magnánimo padre. El pasteleo se cierra con una conclusión y un epílogo edulcorados hasta el vómito.

viernes, 14 de enero de 2011

los estrenos de la semana

Amor y otras drogas
Animal kingdom
De dioses y hombres
Film socialisme
La daga de Rasputín
The green hornet
Twelve
La danza

Reestrenos
Buried (Enterrado)
El escritor (The ghost writer)
Pa negre (Pan negro)

A propósito de la ceremonia de los Goya, se producen varios reestrenos a fin de darle una oportunidad a las películas que compiten en la categoría de mejor película. Peter Sellers se acicala para la ocasión con un toque hispánico.

Los estrenos que no pertenecen a la cartelera de Sevilla aparecen en cursiva.

jueves, 13 de enero de 2011

Balada triste de trompeta, de Álex de la Iglesia


No es que los personajes sean clichés, es que son guiñapos; no es que los diálogos los han comprado en el Carrefour, es que vienen del contenedor donde se despojan de los productos caducados; no es que el guión sea tramposo, es que es un disparate; no es que el montaje sea confuso, es que parece que han tirado las escenas al suelo, las han recogido con un escobón y así las han ido juntando; no es que la puesta en escena sea paupérrima, es que parece propia de la grabación de un bautizo; no es que todo dé bastante vergüenza ajena, es que da mucha vergüenza ajena que a estas alturas nos echen a los ojos excrementos de este tamaño; no es que De la Iglesia sea mal director, es que ahora es un burdo político.

domingo, 9 de enero de 2011

Los viajes de Gulliver, de Rob Letterman


Nefasta versión del clásico de Swift en el que Black, otrora simpático, se convierte en una caricatura de sí mismo, contaminando una curiosa idea hasta corromperla con números musicales y la ausencia de gracia. Por fin el cine estadounidense se mira en el español.

lunes, 3 de enero de 2011

Harry Potter y las reliquias de la muerte, parte I, de David Yates


Distingo un problema común en las películas de corte fantástico: no hay reglas internas. Eso de lanzar rayos con una varita mágica pero no poder hacer cualquier otra cosa según le convenga al guionista de turno me parece, además de tramposo, indecente; una falta de respeto al espectador. Aplíquese a Señores de los anillos, Narnias y resto de productos de la sección "peluches" de la cartelera. No obstante, creo justo añadir que esa indiferencia a las reglas internas de una historia se encuentra también, y me pica reconocerlo, en géneros adyacentes como la ciencia ficción, por ejemplo, en La guerra de las galaxias, cuando, a fin de burlar a los guardianes de la Estrella de la muerte, Solo y compaña se esconden en las bodegas del Halcón milenario... ¿El mayor pedazo de chatarra de la galaxia puede viajar a la velocidad de la luz pero la más poderosa obra de ingeniería militar cósmica carece de un simple escáner para verificar los bajos fondos de las naves? En esta tediosa e insignificante primera parte de la conclusión de la saga Potteriana distingo además otra indecencia: la de confeccionar una película a base de lo que en una producción normal serían descartes de la sala de montaje con el propósito de amortizar (exprimir) una franquicia cinematográfica agotada desde el punto de vista narrativo hace ya algunos capítulos (prácticamente desde el segundo). De quién nos acordaremos dentro de cincuenta años, ¿de Han Solo o de Harry Potter? Yo lo sé...


(¿No dan ganas de seguir viendo la pelí?)