miércoles, 26 de agosto de 2009

Up, de Pete Docter y Bob Peterson


La nueva propuesta de Pixar provoca, si no la decepción, una impresión menos entusiasta que la que generó la imprescindible Wall-e... es inevitable la comparación. Sobre todo porque esta se antoja más alarde técnico que portento narrativo como lo fuera, especialmente, la primera parte de aquella, en la que, además, había un tratamiento de los personajes más profundo. En Up encontramos una capacidad expresiva, sobre todo en el personaje de Carl Fredricksen, que ya apuntaba el incomparable robot del batallón de limpieza. Pero poco más. La estructura es irregular y pareciera que son dos o tres historias las que se entremezclan sucesivamente abandonando un punto de partida, por otro lado, de esos que, íntimamente, uno no termina de asumir por cierto exageramiento aun habiendo aceptado las reglas internas de la película. Reglas que no siempre son coherentes y caen en falta de verosimilitud ante los cambios de tono de la narración. Up es una amalgama de historias que van tomando el relevo cuando la materia narrativa se agota en la anterior, así, pasamos de la historia de amor entre Carl y Ellie (paralela en cuanto a la disposición estructural a la de Wall-e con Eva pero contada a base de elipsis -probablemente, lo mejor de la película-) a la aventura de la casa flotante (poco explotada) para adentrarnos en una especie de "isla del doctor Moreau" y finalizar con una convencional secuencia de rescate y triunfo. La (decepcionante) deriva sentimental de la historia hacia convenciones casi disneynianas en momentos puntuales (algo que Pixar solía contener) y un doblaje ínfimo, falsificador y miserable le dan la puntilla y anuncian acaso la llegada de una época oscura en la factoría Pixar.

domingo, 23 de agosto de 2009

De guionistas gruesos, guiones engordados y Felipe Gordo


La imagen inferior es un fotograma de la serie Perdidos, del cuarto capítulo de la cuarta temporada, que comienza con el despertar de Locke, quien prepara comida y coge el libro que se observa en la fotografía: Sivainvi, de Philip K. Dick. Luego lleva la comida a Ben, a quien tiene encerrado en una habitación del sótano. Cuando Ben coge el libro dice haberlo leído ya, y, he aquí el enigma, Locke le responde: a lo mejor encuentras algo que se te pasó por alto. No estoy muy seguro de que sea la traducción correcta, pero, en cualquier caso, ¿por qué incluir una frase tan extraña en referencia a un libro con tantas connotaciones como ese? Sivainvi, en la edición de Ultramar Editores, es el acrónimo de Sistema de Vasta Inteligencia Viva. Se trata de una especie de autobiografía de Dick, quien se hace llamar en la novela, según la traducción de la edición de Ultramar, Amacaballo Fat, es decir, Felipe Gordo (Filo/hipos-Phillipus-Felipe, amigo de los caballos y dick, gordo -referido a personas- en alemán). En la novela, el protagonista recibe información "cósmica" que le ayudará a prever la enfermedad de su hijo, por ejemplo, convirtiéndole así en una especie de ser omnisciente... como el Benjamin Linus de la serie.


Perdidos dejó de interesarme al final de la segunda temporada, pero he vuelto a verla a partir de la cuarta. El éxito que le sobrevino provocó la prolongación de una historia que habría quedado niquelada en dos o, como mucho, tres temporadas (ya lo decía Aristóteles, planteamiento, nudo y desenlace). Los guionistas han hecho una cosa muy curiosa, que es, al menos me lo parece, trazar un eje simétrico entre la tercera y cuarta temporadas. Lo que antes eran flashbacks (que congribuían a dilatar capítulos y tramas hasta alcanzar longitudes económicamente rentables) se han convertido en flahsforwards (un feliz hallazgo estructural que, me temo, no será convenientemente explotado). La serie me sigue pareciendo desigual, alternando capítulos excelentes con otros de trámite, de forma que el interés decae o emerge dependiendo de la dirección del argumento; cuando el capítulo aporta información que atañe a las grandes preguntas de la serie (qué pasa en la isla y por qué pasa lo que pasa) uno puede llegar a recrearse el gusto (por las historias contadas con belleza y/o originalidad), pero si lo que ocurre en el capítulo tiene que ver con esa especie de "pedrea de tramas" para que todos los actores tengan su ratito, la verdad, por mí que se queden todos donde están y que no los rescaten, hala.

Harry Potter y el misterio del príncipe, de David Yates, y Pequeños invasores, de John Schultz


La antepenúltima de la saga (la última se divide en dos módicos plazos que nos torturarán consecutivamente) es un tostón vergonzoso que explota un argumento ya agotado hace mucho tiempo. Al inverosímil y plúmbeo cariz que ha tomado la historia del mago gafotas se añaden, para contribuir al lastre narrativo, las ínfulas románticas del niñato, cuya mejor interpretación la ofreció en su aparición en la imprescindible serie Extras.


Al contrario que la anterior, que junto a su protagonista perdió la etiqueta de "infantil" hacia la tercera parte, esta tontuna titulada originalmente Alienígenas en el ático es una de esas hamburguesas audiovisuales pueril como ella sola, por lo que me ahorro cualquier comentario, entre otras cosas porque me niego a reconocer esta cosa (y la anterior) como cine.

sábado, 22 de agosto de 2009

Resacón en Las Vegas, de Todd Phillips


Comedia simpática que cuenta en su haber con el mantenimiento del punto de vista y algún guiño gracioso y en su debe con el confuso inicio, que fuerza a que el grueso de la historia sea un flashback. Siempre en su tono, lo más destacable es el personaje de Zach Galifianakis (el barbudo de la imagen), que representa el lado "subversivo" de los guionistas. No sean impacientes y quédense a los títulos de crédito finales, que son casi más cómicos que la propia película.

viernes, 21 de agosto de 2009

los estrenos de la semana

Anticristo
El mundo de los perdidos
La vida ante sus ojos
Ong-bak 2: La leyenda del rey elefante
Cómo celebré el fin del mundo
Dot.com

Esta semana vamos a dedicar la sección de curiosidades a las acrices que cantan. Pensando en Coque, había decidido insertar un vídeo de la Johansson, pero me he tropezado con esta encantadora pieza de Zooey Deschanel, también encantadora.

jueves, 20 de agosto de 2009

Still walking, de Hirokazu Kore-eda


Los japoneses comen un montón. En esta película al menos se llevan todo el rato comiendo. Y con el resto de orientales comparten, cosa que a mí me repatea un poco, la manía de hacerlo todo pegados al suelo (normalmente en cuclillas). Si la película hubiese contado algo interesante en vez de la típica aburrida historia de conflictos familiares o tuviese algún elemento cinematográfico nutritivo no tendría por qué comentar estas tontunas, pero es que parece que lo hacen a conciencia... jo.