sábado, 7 de abril de 2012

viernes, 6 de abril de 2012

Fausto, de Alexander Sokurov


Simpática versión del clásico de Goethe, de inconfundible estilo soviético, por decirlo de alguna forma, según la puesta en escena casi coreografiada y las extensas secuencias, apenas dos o tres conforman la película. Añádase la potente fotografía y la interpretación del personaje mefistofélico para cerrar un interesante cuadro.

jueves, 5 de abril de 2012

La montaña rusa, de Emilio Martínez Lázaro


El lado rancio y torpe del cine español, chapucero en verdad, lo demuestra la convicción del mediocre y deprimente director de que un desnudo (hay cuatro o cinco) de la Sánchez puede animar la taquilla. Bajo estos ínfimos presupuestos y según estas miserables referencias opera aún nuestro cine, incapaz de contar algo que no sea una calentura adolescente, y, peor aún, sin bajarse de los clichés del género. A nuestros autores, especialmente a la guionista de La montaña rusa, les recomiendo la siguiente película: esto, por ejemplo, es una comedia (bien hecha, es decir, hecha por profesionales, Baruchel a la cabeza).

martes, 3 de abril de 2012

Redención, de Paddy Considine


Historia al servicio de las dotes interpretativas de los actores, no en vano el director pertenece al gremio, que escora ligeramente hacia una orquestación del guión que podría considerarse tramposa.

lunes, 2 de abril de 2012

Tenemos que hablar de Kevin, de Lynne Ramsay


Una puesta en escena sobria y cierta afición por el virtuosismo fotográfico son los pilares de esta historia de catarsis personal algo aburrida y por momentos pedante.


Dada la breve filmografía de Lynne Ramsay se me antoja oportuno hacer un repaso de la misma, para descubrir que parece estar creativamente encadenada a una serie de elementos recurrentes. Su primera película, Ratcatcher, es también una historia de catarsis ambientada en la Escocia de finales del siglo XX. Técnicamente impecable, con una más que aceptable interpretación del niño protagonista, es sin embargo un tedioso recorrido que bien podría durar el triple o cinco veces menos.


La siguiente película se parece más a la última. Morvern Callar, de nuevo, incluye una muerte y cómo la protagonista procesa este hecho. Hay varios elementos que se repiten nueve años después con Tenemos que hablar de Kevin, tanto en el argumento como en el aspecto visual, por ejemplo, la limpieza de la sangre en una y la eliminación de la pintura roja en otra o el viaje a España, que, por cierto, es lo más interesante al situarnos ante una imagen nada favorable (en Morvern Callar).

domingo, 1 de abril de 2012

La guerra de los botones, de Christophe Barratier


Tontería francesa pueril cuando no torpe y embarazosamente sentimental cuando no desordenada. Al músico habría que echarle de comer aparte, idealmente en un celda.