jueves, 8 de marzo de 2012

¿Y ahora adónde vamos?, de Nadine Labaki


El cine, por su carácter de artesanía miserable, admite la intrusión de toda clase de pajarracos y bestezuelas movidos por los más polvorientos motivos tales como el egocentrismo, la satiriasis o, como en el presente caso, el mesianismo. Labaki presenta una insoportable chapuza, hilarante de principio a fin, de vergonzosa simplicidad, paupérrima calidad artística y un ofensivo tono pueril que uno ha de sacudirse de la cabeza cual nido de piojos con la que desafía al mundo proponiendo su brillante solución a los conflictos interraciales o interreligiosos según los parámetros de ese "sentimentalismo Disney" que ha vuelto a todo quisqui imbécil. El orbe todo agradece tu ardida causa, Labaki.

martes, 6 de marzo de 2012

Chronicle, de Josh Trank


El interés radica en que, aunque sigue la estructura clásica del género -de superhéroes-, incluyendo la gran pelea final, acaso convencional, parece una historia nueva gracias a la puesta en escena, con unos efectos especiales impecables, y sobre todo la planificación. Sin embargo, el punto de vista subjetivo se convierte en el mayor problema de verosimilitud de la narración. Salvado este asunto con alguna generosidad, queda una simpática película de adolescentes descubriéndose a sí mismos con portentosos momentos como la escena de las nubes.

domingo, 4 de marzo de 2012

Declaración de guerra, de Valerie Donzelli


Tedioso e interminable videoclip cuya pedante autora parece haber consumido la filmografía de Truffaut y compañía en forma de supositorio. Confeccionada a base de accesorios (voz en off, música "cool"), como la ropita de una muñeca, llega a ser por momentos ridícula.

sábado, 3 de marzo de 2012

Young adult, de Jason Reitman


Tibia historieta de personajes incapaces de madurar contada con agradable técnica pero leve sustancia.

jueves, 1 de marzo de 2012

Mi semana con Marilyn, de Simon Curtis


Más allá de los retratos del personaje y la persona aludidas en el título, acertado o no, queda una película de estimulante inicio, aquello que tiene que ver con la producción cinematográfica, pero que poco a poco se va diluyendo en las convenciones de la comedia romántica y de la que podríamos rescatar apenas las interpretaciones de Brannagh y una Watson definitivamente limpia de ñoñerías potterianas.