lunes, 9 de enero de 2012

El topo, de Tomas Alfredson


Insoportable tostón de espías y otras especies rancias cuyo misterio se resuelve con un videoclip de flash backs y Gary Oldman poniendo cara de pensar... mucho. Asqueado ante tal demostración de ineptitud narrativa sólo queda el insuficiente alivio de declarar la muerte del entretenimiento audiovisual, llamado con bastante humor "séptimo arte", y resistir a duras penas la tentación de no volver a pisar una sala de cine en lo que resta de existencia.

domingo, 8 de enero de 2012

El mar amarillo, de Hong-jin Na


Catálogo oriental de masacres mafiosas, tediosa en general, sin mayor interés que el de echar un vistazo superficial a la exótica Corea.

viernes, 6 de enero de 2012

Atraco por duplicado, de Rob Minkoff


Divertimento a mayor gloria de Dempsey, además productor, que reúne un ramillete de secundarios y viejas estrellas en irremediable decrepitud para una comedia tontorrona y algo menesterosa.

martes, 3 de enero de 2012

El cambiazo, de David Dobkin


Comedia con bastante poca gracia y puntuales detalles propios del cine español. Parece ser que en todas partes cuecen habas.

lunes, 2 de enero de 2012

Copito de nieve, de Andrés G. Schaer


Poco me interesa la calidad (ínfima) del "dibujo animado" que muestra esta película. Lo importante es asistir atónito a una demostración de rigidez estética y peor aún, incapacidad narrativa, que, mucho es decir, queda a años luz del modelo al que en vano y vergonzosamente se intenta imitar (Pixar, por ejemplo). El tratamiento argumental cercano al mongolismo, las incoherencias, el tono pueril del guión, una ristra de personajes a cada cual más patético, la ausencia de materia narrativa y la hilarante puesta en escena configuran un ejemplo más de impotencia creativa.

domingo, 1 de enero de 2012

Drive, de Nicolas Winding Refn


Con Scorsese a un lado y Mann (Colateral) como libro de texto, el cineasta danés configura una pieza demasiado afectada por los efectos estéticos (banda sonora de videoclip, cámara lenta) pero que se digiere con cierto gusto hasta que aflora la historieta de bandas mafiosas, justo después de la truculenta pelea del ascensor, cuando todo se vuelve tedioso y hasta chapucero en la infame escena del degüello en la pizzería.