lunes, 19 de septiembre de 2011

Los amos de Brooklyn, de Antoine Fuqua


Tediosa, a veces chapucera, finalmente inverosímil y definitivamente hilarante historieta sobre tres policías neoyorquinos a cada cual más próximo al cliché del género.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Arrietty y el mundo de los diminutos, de Hiromasa Yonebayashi


Cierta tendencia al sentimentalismo y alguna que otra trampa "venial" no oscurecen sin embargo una pieza con momentos grandiosos como la primera secuencia en la que aparecen los diminutos, pura narración cinematográfica, el primer encuentro de Arrietty con Sho, un deleite de planificación y puesta en escena, o el segundo encuentro entre la diminuta y el chico, en el que consolidan la historia de amistad que da sentido a la película.

sábado, 17 de septiembre de 2011

jueves, 15 de septiembre de 2011

Lo contrario al amor, de Vicente Villanueva


Chapuza insoportable interpretada por cuatro vainas sin respeto por la profesión de actor sobre la que defecan al despreciar la primera de las reglas de un intérprete: vo-ca-li-zar. La labor de Villanueva, evidentemente un rumiante habitual de forraje televisivo, no desentona en el ínfimo cuadro que representa este excremento. Se observa que las cosas suceden porque al guionista le sale de la parte de su cuerpo con la que al parecer ejecuta el pensamiento, y no contento con ello, intercala dos tramas a cada cual más absurda, que ponen de manifiesto la incompetencia narrativa del autor al tratar de estirar lo más posible una historieta que no da ni para un cortometraje. Villanueva desconoce en absoluto la escritura de guión, le importa un bledo el desarrollo de personajes -de ahí la vulgaridad e incapacidad cómica de su estilo- y se suicida en la puesta en escena, obsesionado como está en mostrar los torsos de los tres monigotes protagonistas.

miércoles, 14 de septiembre de 2011


La imagen pertenece a Madre Juana de los Ángeles, de Jerzy Kawalerowicz, una película polaca de 1961. Aunque es una pieza correcta hay dos aspectos interesantes a destacar, a saber; la fotografía, o mejor dicho, la puesta en escena y la composición de los planos, y la aparente influencia de Dreyer. La supuesta posesión diabólica de las monjas de un convento, el argumento principal, marca el tono superficial, por momentos cercano a las convenciones del cine de terror, pero es la lucha interna del sacerdote encargado de exorcisar a las hermanas, atormentado por la tentación y su purga -cilicio de por medio-, la que marca el desarrollo de esta curiosa cinta.

martes, 13 de septiembre de 2011


A propósito del asunto de la filmación de la cotidianeidad suscitado por el estreno de Stella nada mejor que el reciente visionado de Aita, de José María de Orbe. Suscribiendo los presupuestos estéticos y narrativos de somníferos tales como En construcción y El cielo gira, el director deja la cámara en un sitio, luego de un calculado arreglo de luces, para que quede bonito, y fotografía la pared, a veces con un señor delante. Parece olvidarse el director de la principal función de la cámara: el registro de objetos en movimiento. Así, obtenemos un "fascinante" recorrido por los actos más ordinarios e insignificantes de una persona, es decir, somos espectadores del anticine. ¿Cuánto se tarda en lavarse los dientes, hacer de vientre, montar una estantería de Ikea, fregar los platos o cortarse las uñas? Hágase el cálculo, añádase otras acciones de importancia similar hasta conseguir unos holgados noventa minutos de trepidante rodaje y remátese con breves y claramente improvisados diálogos que esconden una extraña pero profunda sabiduría filosófica acerca del goteo inoportuno en el compartimento congelador del frigorífico. Voila, ya tiene usted su obra maestra del más creativo, rabioso e inmortal cine contemporáneo.