viernes, 9 de noviembre de 2007

El equipo con Filipe Duarte

Al salir de la proyección tuvimos ocasión de felicitar al intérprete principal de A outra margem, una emotiva película de Luis Filipe Rocha, donde borda un papel intenso que le ha exigido una transformación no sólo física. Un chaval tremendamente simpático y accesible.

jueves, 8 de noviembre de 2007

La fille copée en deux


Escrito por Marta Comesaña

  • SINOPSIS
La película narra la historia de una chica, Gabrielle, que vive en Lyon con su madre y que trabaja como presentadora del tiempo en una cadena de televisión. Sin apenas darse cuenta, se ve seducida por el escritor Charles Saint-Denis, un hombre casado y rozando los cincuenta, al que conoce en una fiesta y con el que el destino le hace reencontrarse promocionando el lanzamiento de su última obra en la librería que regenta su madre. Por otro lado, Paul Gaudens, un chico joven, rico y caprichoso, intentará también conquistar el corazón de la chica. Gabrielle actuará de forma muy distinta ante un personaje y el otro y ambos le harán vivir experiencias tormentosas más que dulces.
  • CRÍTICA
La película entretiene pero, bajo mi punto de vista, deja muchos cabos sueltos y la trama podía haber sido mejor aprovechada por lo que, en general, me ha dejado un mal sabor de boca. En primer lugar, algo en lo que se incide mucho en la película es en la mala relación entre Charles Saint-Denis y Paul Gaudens, sobre todo del odio que proyecta el chico hacia el escritor, pero en ningún momento deja claro de dónde viene tanto rencor. Este detalle me parece que hubiese costado muy poco aclararlo y, por el contrario, deja al espectador desinformado de un aspecto en el que se incide mucho en la película y que resulta determinante para el desenlace de la misma.
A mi me dio la impresión, cuando veía la película, de que la confesión de la madre de Paul ante Gabrielle para pedir su declaración favorable en el juicio, iba a tener algo que ver con este tema pero, sin embargo, se va por las ramas contando el trauma infantil que tuvo su hijo a raíz de la muerte de su hermano mientras se bañaban juntos, con el fin de justificar el comportamiento que éste tiene para con el mundo y que creo que, en ningún momento, el espectador se cuestiona, puesto que el perfil del personaje está perfectamente explicado desde su presentación como heredero de unos laboratorios químicos en el que poco se desloma, su pertenencia a una familia de la alta burguesía francesa y su actitud de niño mimado y arrogante que todo lo que quiere lo consigue, fundamentalmente, con dinero.
Una hipótesis que barajo para explicar el vínculo entre ambos personajes es que Paul represente en la película lo que habría sido la juventud de Charles pero, en cualquier caso, no me atan todos los cabos y, además, no explicaría las lagunas que detecto en cuanto a su enemistad.
Por otro lado, me parece que hay elipsis temporales que despistan bastante: ¿Cómo puede estar Gabrielle un día totalmente deprimida, sin ganas de vivir por la falta de noticias de Charles y, de repente, verla en Portugal pidiéndole a Paul que se case con ella sin haberse visto apenas un par de veces y hacernos creer de esta forma que ha pasado un año...? En fin, yo esto no lo he digerido bien, la verdad.
Y llegamos al final...: me parece una metáfora forzada al máximo y, a su vez, ridícula utilizada para poner la guinda de la historia de la chica “partida” entre dos amores y, de este modo, justificar el título que se entiende perfectamente sin necesidad de ese desenlace circense.
Así que, a modo de conclusión, la película está bien para echar un rato de cine pero que deja mucho que desear, sobre todo, en cuanto a guión (o a su adaptación) se refiere. Y resaltar la emisión de películas en versión original y lo dulce que suena el francés en boca de actores que, para mi gusto, han hecho un buen trabajo.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Mýrin/Jar city. Tremendismo escandinavo

Escrito por Mariano Cruz

Una Película de Baltasar Kormákur

Una pequeña ciudad de Islandia (no hay grandes ciudades en Islandia), un paisaje desolado (no hay árboles en Islandia), batido por el viento y las olas de un mar permanentemente plomizo, un horizonte de montañas negras, calles de casas como cajitas herméticas y aisladas rodeadas de jardines secos y ralos, en estado de abandono. Un hombre aparece muerto en su casa de forma violenta. El caso es encargado al inspector Erlendur, un policía veterano, voraz y solemne a la vez, litúrgico y brutal si la ocasión lo requiere. La escasez de pistas en el lugar del crimen, el hermetismo de la comunidad, la intuición de perro viejo resabiado y escéptico de Erlendur le inducen a investigar la historia oculta tras una vieja fotografía de la tumba de una niña de cuatro años hallada en la casa del asesinado.
El investigador visita a una vieja colérica y desconfiada que vive en una destarlada caseta cerrada a cal y canto en una playa gris, ventosa y solitaria. La tía de la niña, reacia al principio a colaborar con la policía, accede finalmente a contar lo que sabe: Aude murió a causa de un tumor cerebral, su madre, ante lo insoportable del hecho, comete suicidio, la niña fue el fruto de una violación, el acusado fue investigado pero nunca condenado. A pocos metros de la casa de la tía, en el minúsculo cementerio de la Iglesia local, un edifico de madera negra rodeado de dunas y de la lacerante vegetación típica de las turberas y las zonas pantanosas del norte, hay una cita bíblica a modo de epitafio sobre la cruz de Aude: “Protégeme del enemigo terrible”.
Erlendur acude a Runar, un viejo jefe de policía apartado años antes del cuerpo por corrupción, un hombre física, moral y mentalmente arruinado. Encargado de investigar la violación de la madre de Aude, fue culpado de echar tierra sobre el asunto y proteger al acusado y a sus dos compinches a cambio favores inconfesables. Ante la negativa del anciano a responder a sus preguntas, el inspector Erlendur viaja hasta la prisión donde cumple condena Ellidi, uno de los dos viejos amigos del hombre asesinado, los tres formaban una caterva de tipos brutales y de mala reputación señalados por la rigidez puritana de la comunidad que los vio nacer como portadores de todas las ignominias; pedófilo, drogadicto y violento, el tipo se pudre en la cárcel mientras que del tercer miembro del Trio (así se hacían llamar cuando jóvenes), Gretar, solo se sabe que desapareció sin dejar rastro en 1974. El convicto confunde los términos del interrogatorio relatando un caso distinto de violación cometido por el hombre muerto sobre la persona de otra mujer y afirma desconocer lo ocurrido con la madre de Aude. El siguiente paso de la investigación es encontrar a esa otra mujer violada en Grindavik, para ello la investigación se transforma en una encuesta casa por casa. Los dos ayudantes de Erlendur recorren la localidad preguntando a las señoras jubiladas “¿ha sido usted violada alguna vez?”.
En un centro de investigación genética un joven investigador trabaja en el proyector de construir un mapa genético de la población de Islandia, su hija de cuatro años ha contraído neurofibromatosis, una enfermedad hereditaria responsable del tumor cerebral que termina finalmente con la vida de la pequeña. Haciendo acopio de datos y trazando el árbol genealógico de su familia se propone investigar la filiación de la enfermedad. En otro lugar, mientras comen carne en un restaurante barato, la ayudante de Erlendur relata el informe de la autopsia del cuerpo del Holberg; el forense ha descubierto en su cerebro un tumor benigno, producto también de la neurofibromatosis. Para Erlendur estas pruebas confirman lo que ya sabe, que el muerto era padre de Aude, pero avanzan una hipótesis aun más sombría: si el hombre asesinado es portador y transmisor de la enfermedad, la neurofibromatosis se convierte en la clave para encontrar a la segunda mujer violada de la que nada se sabe excepto por el testimonio de Ellidi. A partir de este momento la investigación sigue dos líneas paralelas que se dan la espalda una a la otra pero que forzosamente terminaran convergiendo: la del comisario Erlendur y la del joven investigador del Instituto de genética.
Iconográficamente la película es austera, como no puede ser de otra manera, teniendo en cuenta que el paisaje islandés es uno de los protagonistas en la pantalla. La resolución de la trama revela una lucha por la redención de viejos pecados ocultos, lucha que, a su vez, nos muestra que la frontera entre vicio y virtud no es exactamente nítida. El puritanismo protestante está permanentemente presente en símbolos como las iglesias, la Biblia, el entierro de la hija del investigador en el desolado cementerio frente a la playa con pastor recitando el responso ataviado como en los viejos retratos de grupo de la pintura holandesa, en una secuencia en la que dominan el gris, el blanco y el negro que remite inexorablemente a Dreyer. Junto a la sobriedad luterana se yuxtapone la vena vikinga, carnívora, bruta, el propio aspecto del Inspector Erlendur nos recuerda a un Leiff Erikson moderno. Su comida preferida es la cabeza de oveja (cerebros y cabezas muertas son unos de los símbolos iconográficos más frecuentes en la película) que degusta comenzando por el ojo ayudado tan sólo de una navaja mientras lee la Biblia (como contrapunto tenemos a su ayudante, aspirante a poli duro que se queda muchachito de manías poco viriles para el país de los vikingos, come vegetariano y le molesta sobremanera el humo de los cigarrillos que fuma el inspector compulsivamente mientras viajan en el coche para hacer sus pesquisas). Esta imagen de Erlendur leyendo la Biblia sentado a la mesa mientras devora una cabeza de oveja navaja en mano resume las dos fuerzas que chocan en el film: la virtud y el apetito, el pecado y el vicio. Erlendur, en su madurez, ha conseguido conjugar ambas líneas de fuerza: puede partir la pierna de una patada a un delincuente y a continuación colocarle un cojín debajo mientras espera a la ambulancia sentado junto él. Por el contrario, la lucha por la pureza del joven investigador de genética adquiere tintes mesiánicos y no duda en sacrificarse a sí mismo, como un cristo laico, para erradicar la enfermedad de la tierra. El trío de inicuos y viciosos, mancha una comunidad devota y respetuosa de los preceptos de Dios, ha inoculado al rebaño de cristo con un mal que se extiende causando, la muerte, el dolor, el suicidio, el odio, el rencor; la casa del muerto ha sido construida sobre la marisma, ciénaga pestilente que simboliza el pozo del pecado, origen de todo mal. La película, efectivamente, comienza con la muerte de la inocencia, el sacrificio de los infantes (otra cita bíblica). El arranque es sobrecogedor: el cadáver de la pequeña hija del investigador siendo ungido, vestido, preparado para su entierro en un ataúd de blanco inmaculado, mientras el coro de la policía de Keflavik entona una nana de despedida. La ley encargada de extirpar el cáncer del depravación del seno de la comunidad. En toda la película está presente esta exclusión del pecador o delincuente del rebaño de los tocados por la gracia divina. La enfermedad física es un símbolo de la enfermedad moral.
En el final, la verdad emborrona esa línea diáfana que pretendemos trazar entre virtud y pecado, línea que sólo mantenía intacta la reserva, la proverbial reserva protestante. El temor a Dios no es suficiente para vencer la tentación ante la soledad, el silencio, el aislamiento.
Mugison ha compuesto una especie de réquiem para la banda sonora, este lirismo fúnebre se hace especialmente presente en los planos aéreos del paisaje natural desolado y de las ciudades que, a vista de pájaro, aparecen como retículas de casas y calles separadas en compartimentos estancos. Sobre una de estas retículas se sobreimpresiona el título de la película en el arranque: jar city, la ciudad de los frascos, en referencia al lugar donde se guardan los recipientes que contienen los órganos de las desviaciones genéticas, conservados en formol.
Tras la escena final hamletiana en el cementerio, Erlendur conversa con su hija Eva sobre la repulsión, “crees estar libre pero te alcanza”, dice; ella está embarazada, el padre del niño es desconocido, habla de la esperanza. Volvemos a ver y oír al coro cantar la nana del principio y en un último plano aéreo, el cielo y el mar se vuelven azules por primera vez.

martes, 6 de noviembre de 2007

Mañana no hay programa


Como todos los años por estas fechas, el Staff del programa se encuentra cubriendo el Festival de Cine Europeo de Sevilla, inaugurado el pasado sábado. Es por esta razón que mañana miércoles No trendremos programa. La semana que viene daremos cuenta de todo lo vivido en el Festival. Hasta entonces os invitamos a leer las crónicas y comentarios que iremos publicando en este blog sobre el evento.


Resultado de la encuesta: película del mes



Como todos habeis tenido ocasión de apreciar, la película que será comentada en el programa el mes corriente va a ser Batalla en el cielo, de Carlos Reygadas. La votación ha transcurrido con toda normalidad y sin incidentes dignos de mención. La recta final ha supuesto una enconada lucha por el primer puesto entre la película finalmente ganadora y otra de las candidatas (Los 400 golpes de Truffaut). No tenemos motivos para pensar que el proceso no haya sido limpio y transparente. Felicitamos a todos los que han votado e invitamos a todos los oyentes del programa y visitantes de este blog a enviar sus sugerencias (en forma de título de película) para organizar la votación del próximo mes de diciembre. Gracias a todos y felicidades al individuo que propuso la película ganadora de estos comicios.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Festival de cine de Sevilla

Uno de nuestros reporteros, con más poca vergüenza que tino fotográfico, nos deja estas instantáneas de la inauguración del Festival de cine de Sevilla, el 2 de noviembre. Podría decirse que la industria cinematográfica andaluza se concentra en estas imágenes.
Vamos a ver cine europeo.